Aquella
tarde de viento y sol, despertar de la siesta me supo a gloria. El dije de
ambarluna esparcía su calidez en mi cuerpo dejando un rastro de aroma resinoso,
el poder de sus alcaloides surtiendo el invariable efecto dopamínico al que soy
tan proclive. De pronto tuve la certeza de que, a través de la cerradura, él me
observaba y me sentí prisionera de sus ojos. Me quedé quieta, sopesando
posibilidades. Se me ocurrieron muchas cosas, pero ninguna de ellas fue revelar
la transgresión. No era cosa de romper el encanto. Mejor me estiraría despacio,
sintiendo cada músculo de los brazos, cada coyuntura de las piernas, cada poro
de la piel reavivado y alerta. Desperezarme y ronronear sabiéndome aquilatada y
delineada. Me tomaría mi tiempo y le daría tiempo al banquete de su contemplación.
Sabía que al mirar sin ser visto, por ese simple hecho, él sentiría un
cosquilleo en el plexo solar, la sensación de estar jugando a lo prohibido, la
certidumbre de vulnerar lo que es íntimo y secreto. Yo misma me sentía así,
cómplice de sensaciones y travesuras, partícipe activa y pasiva, al igual que
él, de aquel preámbulo voluptuoso que ambos sabíamos cómo terminaría… [CrónicasAmbarluna46] (05abr13)
viernes, 5 de abril de 2013
viernes, 29 de marzo de 2013
ALAS
A veces dejo descansar mis alas, esas que brotaron de mi
espalda hace siglos por la magia del Poder. Ahora son mías, me pertenecen, me
sustentan, me alivian, me dejan una impronta que resuena en el eco cálido y
fragante del ambarluna. A veces su potencia es oscura, calcinadora, reflejo del
crisoberilo que se ha impregnado de las durezas más profundas de la tierra. Recuerdo
la fuerza que las invocó y me sé merecedora de su aliento. Visualizo
el camino que han recorrido, medible en eones, eternidades e instantes, y
aprecio su metamorfosis sin que por ello sepa qué derroteros seguirán. Toda
bruja tiene claro que nada dura una vida, ni la vida misma, y que la cualidad
efímera de las cosas las vuelve aún más preciadas. Mis alas son así, fugaces,
llenas de nervio y potencia.
[Paréntesis 20] (29mar13)
jueves, 21 de marzo de 2013
FRAGOR
Quiero sentir tus brazos y tus
piernas. Esos brazos largos, largos; esas piernas kilométricas. Quiero que me
contengas en tus brazos. Quiero que me abraces con tus piernas. Quiero
sentirme atrapada en la fuerza de tus músculos y huesos, apretada,
inmovilizada, fundida en tu cuerpo, rodeada de tu piel, envuelta en tu aroma
como un capullo, aislada del mundo, protegida del frio, a merced de tus besos,
rendida a tus caricias, estremecida por tu ardor, recorrida por tus dedos,
prisionera sin escape de tus labios, sujeta a tu deseo y al capricho de tu
lengua, mi sangre pulsando en el fragor ambarlunar...
[CrónicasAmbarluna45] (22mar13)
viernes, 15 de marzo de 2013
ACERINA AMBARLUNAR
Tan pronto puse un pie en aquel lugar de peñascos erosionados, cerros ominosos y dádivas ocultas, me encontré su regalo. Al bajarme del coche miré al suelo, donde siempre han aparecido mis talismanes y amuletos, siempre en contacto con la tierra, donde son puestos exprofeso para que los encuentre. Ahí estaba: una acerina como al descuido en el empedrado de la calle, como si se le hubiese caído inadvertidamente a alguien, como si en realidad no hubiese viajado para colocarse a mi paso y donde yo la pudiese encontrar… siempre y cuando estuviese atenta, claro. Una acerina formada como una gota de magma, grande como una aceituna Kalamata, con su brillante opacidad que juega al sol mostrando su óxido de hierro en negros y plata. Acude directamente al corazón y purifica la sangre, de ahí su apelativo paralelo de hematita. Buena para regenerar los tejidos y revitalizar el cuerpo, acrecienta el magnetismo, ensancha la voluntad, devuelve el optimismo y disminuye el dolor de las pérdidas.
Es del gusto del cuerpo etéreo y responde al chakra del plexo solar, donde residen el valor y la templanza. Es una piedra poderosa para quienes se sienten atraídos por su misterioso velo. Va de maravilla con el ambarluna, combinando ambas reflejos de miel oscura y atigrada, tonos marrón iridiscente, la doble cara de un espejo insondable, fuego claro con fuego oscuro, humedad dorada y humedad plateada, combinación incandescente y potencialmente explosiva. Me agaché a recogerla y sentí su intenso efluvio en la palma de la mano mientras que el dije de ambarluna derramaba calidez y fragancias resinosas en mi pecho. Pensé en él y supe que nos encontraríamos de un momento a otro, que me adivinaría el pensamiento, que el mío lo invocaría, que en unos segundos me llegaría su mensaje y nos enlazaríamos una vez más sin el lastre del tiempo ni las restricciones del espacio, como si los años nunca hubiesen transcurrido sino simplemente esperado su turno: nuestro turno. [CrónicasAmbarluna44] (15mar13)
viernes, 8 de marzo de 2013
SUEÑO
Soñé que me llamabas. Que tu voz
penetraba una a una las capas de mi sueño hasta encontrarme hecha un ovillo en
tu lado de la cama. “Un bultito”, dijiste. Querías escuchar mi voz y saber si
estaba desnuda. Recuerdo que sonreí y te contesté, “Es que hace calor, mi
amor”. Adiviné tu risa queda, ese sonido suave y ronco que tanto me gusta y que
es del tono y del sabor de la noche: tu elemento. “Sabes que te amo, ¿verdad?”,
te dije y tú me susurraste al oído eso que me encanta escuchar, que me envuelve
la piel y despierta mis poros y acelera mi pulso y me estremece. Cuando
desperté por la mañana, me di cuenta que no había sido un sueño, que el celular
en efecto sonó a la 1:58 de la madrugada y que sí estuviste aquí, me acariciaste
con tus palabras y me meciste en tus brazos. Desperté contenta y enamorada.
[CrónicasAmbarluna43]
(08mar13)
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