miércoles, 27 de febrero de 2013

DIOSA




Mucho se habla de la Diosa, y todas sus representaciones son válidas. Para eso y por eso Ella es la Creación. Las brujas habitamos en sus suaves flancos, en la calidez de su vientre. También conocemos el toque gélido de su mirada y no nos hacemos ilusiones acerca de su implacable ferocidad. La Diosa medra, prospera y florece en el caos de la vida, en los movimientos fortuitos de la naturaleza, en el desplazamiento aleatorio del devenir, en el azar que simboliza la verdadera naturaleza de las cosas. Las sorginak intentamos mediante nuestra magia darle el sentido y el significado al propósito que anima nuestra encomienda y que es nuestra razón de existir; mas tampoco nos engañamos. Estamos sujetas al mismo desplante y capricho de la Diosa y sus designios, al igual que otros seres de luz y de sombra, en éste y en otros universos, y a Ella servimos más allá de cualquier otra lealtad.
[Paréntesis19] (27feb13)


viernes, 22 de febrero de 2013

Púrpura




“¿Acaso sabes qué encierra y significa el púrpura de tu atavío?”, me cuestionó la damana cuando nos reunimos una vez más a beber el delectable brebaje de aquel cafetín perdido en las calles del puerto. Se refería al color del vestido que traía puesto, al cual le alivié la sobriedad con un chal de tonos naranja cobrizo y el adorno resplandeciente del dije de ambarluna.
“Sé que el púrpura tiene un humor propio y un talante impar” - le contesté presintiendo con satisfacción el inicio de una revelación – “Sé que el púrpura es captado de forma distinta por cada ser humano, y que la diversa sensibilidad hacia este color se debe a una particular distribución de los conos receptores de los espectros azul y rojo en la retina”.
“¡Ah, ésa tu racionalidad!” – exclamó sonriendo y tocando ligeramente con el índice los flecos de mi chal – “¿Y qué más?”
“Bueno” – continué – “Siempre me ha parecido curioso que no existan nombres masculinos que tengan que ver con este color; en cambio, la variedad de nombres femeninos provenientes de sus tonalidades es asombrosa: Viola, Violeta, Yolanda, Erika, Hortensia, Malva, Malvina, Lila…”
La damana asintió y dijo: “Hermanado al violeta, el púrpura representa la fusión de lo masculino y lo femenino, la conjunción de la sensualidad y de la espiritualidad. Su simbolismo es precisamente la concordia de los contrarios y por ello, desde la antigüedad, el púrpura es el color del poder, de la violencia y de la sensualidad”.
Recordé que la palabra púrpura viene de “porfira”, nombre del molusco con el que se elaboraba este colorante en las antiguas ciudades fenicias de Tiro y Sidón, 1500 años antes de nuestra era. Se creía que el tinte era su sangre, y el proceso para extraerlo – largo, complicado y de un hedor insoportable – desembocaba en una variedad sorprendente de coloraciones: las telas que se sumergían en él comenzaban por teñirse de amarillo, y luego que eran secadas al sol, su tonalidad pasaba al verde, luego al rojo y finalmente al púrpura violeta, de naturaleza inalterable e irreductible, perfectamente firme y estable a la luz por ser precisamente resultado de ésta y de su acción sobre la tintura y la tela. En aquellos tiempos en que todos los demás tintes se deslavaban, el púrpura permanecía intacto y por ello era alegórico de eternidad. Y también de privilegio y exclusividad. Era la vestimenta de reyes, papas, emperadores. Muy pocos podían darse el lujo de ataviarse de púrpura, pues se requerían diez mil moluscos murex trunculus o murex brandaris para obtener un gramo de aquel magnífico tinte.

“La piedra preciosa afín al púrpura – continuó la damana - es la amatista, simbólica y propiciatoria de la sobriedad y la moderación en festividades paganas. Es la piedra del mes de febrero, emblemática de penitencias y ayunos. Su coloración violácea corresponde al signo zodiacal de los Peces, constelación que campea en el firmamento durante la cuaresma. A su vez, Neptuno, dios romano del mar y sus profundidades purpúreas, es el planeta dominante en esta época del año. Piscis – dos peces en contraposición y sentido opuesto - concuerdan con la duplicidad del púrpura violeta en el que a veces domina el fogoso rojo magenta y otras el frío azul cian, al igual que en ocasiones predominan sus cualidades masculinas, y en otras, sus atributos femeninos. En el púrpura violeta se funden todos los opuestos. Combina sentimiento y entendimiento, amor y abstinencia. Marca el fin y principio del arcoíris, el límite entre lo visible y lo invisible, el juego de la magia y la metempsicosis. De noche, es el último color antes de la oscuridad total.”

“En algún lado leí que sólo acompañado del púrpura violeta es cuando el rojo adquiere su sentido inequívocamente sexual. El rojo, el violeta, el negro y el rosa, dispuestos en el orden que se quiera, forman el acorde de la seducción y la sexualidad”.
“Se comprende que sean los colores preferidos para la ropa íntima y la lencería. En el púrpura hay más lubricidad que en el rojo, y en ello radica uno de sus múltiples misterios” – añadió la damana.
“Quizá por eso el púrpura, mi color favorito junto con el naranja, es considerado como el más singular y atrevido de los colores” – comenté yo – “Nadie que quiera pasar desapercibido se viste de violeta, y quien se vista de púrpura ha de saber por qué lo hace…”
La damana guardó silencio mirándome a los ojos. Luego de unos instantes, su mirada bajó por mi cuello hasta el dije de ambarluna, que colgaba de mi pecho balanceándose y lanzando destellos tornasolados. “Curioso que lo menciones” – dijo al cabo de un rato – “A pesar de su frialdad, el púrpura es un color intenso y esta cualidad se amplifica al concertarse con la alegría y desparpajo del naranja… Violeta-naranja: no hay combinación de colores menos convencional que ésta. Y si tú eres capaz de portarla con esa gracia y soltura, ¿quién podría resistirse?”
[CrónicasAmbarluna41] (22feb13)

viernes, 15 de febrero de 2013

Aquel viernes...


Aquel viernes en que llegué a su casa puntualmente, hablamos de lo que pensé sería una confesión, un secreto, una revelación o sencillamente un relato de los que le gusta entretejer entre sorbo y sorbo de vino, o debería decir entre mirada, sorbo de vino y caricia; o como suele suceder, entre broma ingeniosa, picardía sutil, mirada, sorbo y caricia. No es casual que la risa y el donaire formen parte esencial del erotismo, y él se encarga de hacerme reír y sonreír sacando con ello lo mejor que hay en mí, tanto mi alegría, como mi plácida y placentera rendición. Pero no se trataba de un secreto ni de un relato, sino de una petición, una proposición: un encuentro en mi propio territorio.
Acepté y lo planeamos con el detalle al que los humanos nos gusta llegar en el juego de la fantasía, sabiendo al mismo tiempo que dejaremos lo esencial a la fortuna y que lo mejor sucederá de forma espontánea y aleatoria, siguiendo el curso impredecible de la vida. Así es como los planes ocurren, con una estructura previa que sobre la marcha se descompone, se regenera y se vuelve a componer en el flujo y vaivén entre el entorno, el deseo, el libre albedrío, la alquimia, las emociones y el azar.
El plan cuajó en un fin de semana otoñal. La noche de viernes en que él llegó ya tarde a mi casa, la noche de un día difícil, descuella en mi memoria, en el repertorio de encuentros amorosos que son algunas piezas – muchas, pero no todas – del rompecabezas que arma nuestra relación. Si yo escribiera nuestra historia, probablemente comenzaría en ese momento, con su silueta en el marco de la puerta y la sonrisa en mis labios, su proximidad y el tremor de mi piel, el dije de ambarluna pulsando y emitiendo su aroma tentador.
“Yo soy como él. Sólo que todavía no lo sabe…”, pensé, recomponiendo la frase de Anaïs Nin. Él responde al llamado de mi ser que encuentra en él su contraparte. Me doy cuenta de que le esperé siempre sin realmente suponer encontrarlo. No creí que existiera y es real, tan real como mi sangre y sus latidos. No hay nada imaginario ni ficticio en sus caricias de madrugada ni en el susurro que me despierta para encontrarlo a mi lado y en mí. Sé que mi docilidad es genuina y que complazco sus deseos porque los siento nuestros y su placer es el mío. Sé que con él puedo ser quien soy, la que comparte su cama y sus besos sin tener que fingir ni dejar pasar, ni lamentar ni temer. Sé que puedo pedir y me será concedido.
[CrónicasAmbarluna40] (15feb13)


martes, 12 de febrero de 2013

Mis gatas no son, por supuesto, mías. Es un decir. Son parte de mi familia y viven en mi casa, pero eso no quiere decir que sean de mi propiedad. Las amo y me consta que me aman, pero eso nada tiene que ver con asuntos de posesión ni control. Clío posee la habilidad de buscar el lugar y momento adecuados en que los cálidos rayos del sol le caerán encima por más tiempo mientras toma una de las múltiples siestas cotidianas a las que los gatos son tan proclives. Me mira y se acerca cuando requiere que le rasquen la barbilla y le digan cuán hermosos son sus ojos verdes. Es una reina y como tal se comporta. A Perla, su hija, la persiguen ideas extrañas. Tiene una doble personalidad: la de gata arisca y montaraz de día, la de la princesa Brudulbudura de noche. Me tolera. Nada más. Y siempre y cuando me aplique en cepillar su hermoso abrigo nacarado. El resto del tiempo mira al mundo con desconfianza y aprensión. Jazbel no tiene broncas, se desliza por la vida placenteramente, apasionada por dialogar, comunicar y hacerse entender, lo que define por antonomasia a los gatos negros de bigotes blancos e inteligencia superior. Las tres se llevan de maravilla, lo que no debería sorprenderme, con el dragón acuático que puebla mis sueños de iridiscentes escamas y del fulgor dorado de su aliento de fuego…

viernes, 8 de febrero de 2013

Sabemos el uno del otro lo imprescindible. Podemos dejar que todo lo demás permanezca en un baúl, a la mano para cuando sea oportuno airearlo, pero sin que estorbe ni corte el paso ni detenga los movimientos celestes ni genere sombra. Nuestras mentes se entrelazan ricas, dadivosas, complejas. Nuestras voces se armonizan y, en madrugadas de dulce y perentoria ansiedad, son capaces de transportarnos en susurros al origen del mundo.
Nuestras imágenes han jugado cómplices a los encantamientos inventados para disfrazar la lejanía. Nuestra piel sin máscaras se refleja en el fondo líquido de nuestra mirada, envuelta en el fragante brillo ambarlunar. La vista y el oído van de fiesta una y otra vez. Se deleitan en agasajos y festines, son convocados al banquete para alcanzar y solazarse en lo secreto, en latidos acompasados, en el vuelo de la respiración, extasiarse con vocablos mágicos que abren compuertas y sueltan ríos de lava.
El tacto se convierte en labios, manos, dedos, forma y textura, la seda y el pliegue de un contorno; es lo húmedo, lo suave, lo endurecido. El gusto y la lengua van de la mano explorando sabores y consistencias, paladeando miel líquida y sal mineral. Unidas al olfato, degustan aromas afrutados con recuerdos de especias y nostalgias de mar. Y mientras nuestros cuerpos se reconocen y se acoplan como anhelos que han vagado de una vida a otra buscándose hasta encontrarse, las órbitas del destino se cierran, los plazos del karma se cumplen y somos uno. [CrónicasAmbarluna39] (8feb13)

viernes, 1 de febrero de 2013

Mañana a estas horas estaré en tus brazos y eso lo cambia todo. Tan sólo pensarlo, por la extraña alquimia del amor y el imperio del ambarluna, las cosas se transforman, aun las más pueriles. Pienso estar en el aeropuerto cuando llegues y verte buscarme entre la gente. Seguro, desde tu altura, me encontrarás con facilidad y tu expresión me arrancará una sonrisa. Pienso acercarme despacio y entregarme a tu cercanía con todo el peso de los días que han transcurrido en tu ausencia y la carga, que poco a poco aliviarás, de mi nostalgia y tantas madrugadas sin tu piel. Quiero conducirte de la mano a mi lugar predilecto, presentarte a mis árboles consentidos, enseñarte la entrada secreta de la terraza, subir contigo las escaleras y perderme en nuestra cama. Quiero reflejarme en tus ojos, presentir tus labios, dejarme atrapar en tu abrazo, escuchar tu pulso y beberme tu respiración. El alba será una fiesta de mariposas en las entrañas. El vestido que me pondré, un facilitador de tu placer. El concierto del manglar, un natural acompañamiento de tus caricias. La lluvia pertinaz, el mejor pretexto para quedarnos otro rato en la cama. Un largo rato más… [CrónicasAmbarluna38] (1feb13)