viernes, 21 de diciembre de 2012
Hoy he abierto un nuevo archivo titulado “Fantasías recicladas”. Reviso uno a uno los recuerdos de un tiempo encapsulado, entresaco aquello que habla exclusivamente de mí, que no tiene que ver ni pertenece a nadie más, que refiere mi intensidad en el espejo, que deslinda caricias y separa los pliegues de cada flor entregada en abanico. Hay quien lo llamaría exorcismo y quizá haya algo hay de eso, pero yo prefiero llamarlo indagación de bisturí.
También tiene mucho de metamorfosis evolutiva, de mutación impredecible, de metempsicosis, vocablo que me encanta por la manera en que me llena boca y la imaginación. Es disponer sobre la mesa transparente y desde esta perspectiva, la huella de mi paso por una estela y recobrarla para ser ojeada con detenimiento. Encontrar entre los rescoldos del fuego la cifra del anagrama, la dulce agonía que no condujo, a pesar de la bravura del timonel, al puerto deseado. La locura exigente de la concreción transmutada en disolución. Un tiempo de espera, que ahora concluye y se medía con la precisión de una brújula en las gotas de lluvia de cada amanecer.
(Paréntesis15 16dic12)
viernes, 14 de diciembre de 2012
Uno de los cuadros más eróticos que existen es “Desayuno sobre la hierba” de Edouard Manet, originalmente titulado “El baño”. ¿Por qué una mujer completamente desnuda entre dos hombres completamente vestidos resulta tan perturbadora y ejerce tal atracción? No es la primera ni la única pintura que mezcla personajes desnudos con sujetos vestidos, como bien apuntaba Émile Zola en defensa del pintor; pero ésta resulta por demás excitante y voluptuosa, además de constituirse en protagonista de un escándalo mayúsculo entre los parisinos y parisinas de la época. ¿Será tan poderosa porque toda la luz se reconcentra en la piel femenina destacando pliegues y curvas? ¿O porque ella mira directa y descaradamente a quien se le ponga enfrente, como diciendo “me importa un comino lo que pienses”? ¿Acaso sea eso lo que el pintor quiso decirle al mundo con esta obra controversial? Muchos críticos e historiadores del arte parecen considerarlo así, ya que en los ejemplos previos la mirada femenina divagaba y se perdía en el espacio, a diferencia de esta mujer cuyos ojos provocan y retan. Tal vez la intención de su creador fuera mostrar el desenfreno ilícito que solía ocurrir en el Bois de Boulogne, aunque no creo que Manet tuviese en mente pontificar sobre la moral. Quizá lo impresionante sea el tamaño descomunal de la tela, de 2.08 por 2.65 metros, escala reservada en aquel entonces – 1863 - únicamente para temas históricos.
Me inclino por la primera razón – el contraste entre la figura femenina al desnudo, en actitud totalmente natural, cómoda y desafiante, y sus ataviados acompañantes masculinos, igualmente relajados, gozosos e indiferentes al escándalo. Ella tan disponible y dispuesta, tan cercana a ellos que bastaría que alargaran un brazo para que sus dedos la rozaran… Agreguemos que se trata de un almuerzo en medio del bosque y al lado de un riachuelo donde otra mujer se está bañando; los restos de la comida – otro de los grandes placeres de la vida – mostrados en primer plano, sabores y fragancias que permanecen latentes, disolviéndose ante nuestros ávidos ojos… La desnudez al aire libre es ya en sí voluptuosa, la sensación – normalmente prohibida - del contacto sin límites con la brisa, la calidez del sol, la temperatura del ambiente, el roce de la breve tela – quizá su vestido – sobre la que ella está sentada… ¿o son sus ropajes descartados los que les han servido de mantel y sobre los cuales quedan abandonadas algunas frutas y una botella vacía? Para mayor complejidad lúbrica, la mujer que se baña al fondo en el riachuelo, ataviada con una prenda íntima ligera y sedosa que no deja ver su cuerpo, parece revelar un secreto más acerca de lo que pudo haber ocurrido antes de esa escena o podría estar a punto de ocurrir…
Recostada junto a él, me gusta imaginar la conversación, las intenciones, lo sucedido entre esas dos parejas; él y yo mirando el cuadro de Manet en un libro de arte que él sostiene formando un círculo perfecto con sus brazos dentro del cual yo me envuelvo, descansando ambos en el sillón favorito de su casa, el dije de ambarluna brillando con luz propia entre mis pechos… Me gusta escuchar la interpretación que él le da a la escena, su punto de vista tan masculino, el contraste con el mío, nuestras fantasías entrelazadas. Un preludio al abandono del libro, del sillón y de mi propia ropa en sus manos…
[CónicasAmbarluna32] (14dic12)
domingo, 9 de diciembre de 2012
Es en la soledad de la noche – de ciertas noches - cuando la bruja se deja ir en sus anhelos más recónditos, secretos y oscuros. Durante la transición de la luna entre sus fases menguante y balsámica, en el final inminente de su ciclo, la sorgina busca el lugar adecuado, lanza el hechizo que lo purifica, lo separa del plano de la realidad y marca sus fronteras y territorio con el fulgor de su amuleto de ambarluna.
Sabe que sólo así estará completamente protegida de miradas nefarias y ensalmos contrarios y podrá entregarse de lleno a sus cavilaciones y rituales propios; al placer oculto de sus encantamientos y alquimias en consorcio con las fuerzas de la naturaleza. Alcanzar ese lugar y aislarlo no es tarea sencilla ni frecuente. Ni siquiera está permitido a nuestros consortes acercarse y, aunque quisieran, no podrían atravesar el conjuro. Así osamos esperar la réplica del Poder. Así nos entregamos a sus inesperadas respuestas y dulces cadenas.
[Paréntesis14] (9dic12)
viernes, 7 de diciembre de 2012
Parecería que me escondo, pero no. Sabes que es sólo un juego. Cuando desparezco momentáneamente, no estoy lejos y nunca tanto que no me alcance tu voz y me sujete. Es el juego de tu voz y mi obediencia.
Su sonido de madrugada, susurro insistente y sabio para que despierte a tu calor, es una fina cadena de espejos de ambarluna que largas para que me aleje hasta dónde ya no quiero seguir y me devuelvas, jalando suavemente de ella, para que yo encuentre el camino de regreso a tu piel. Tu voz me enseña palabras, me muestra lugares secretos, me conduce hasta tus manos, me revela.
Como aquel viernes, por ejemplo, que amaneció y el frío calaba y yo pude por fin arrebujarme en tus brazos. ¿Has notado desde cuándo adivinaba esa sensación? O como la noche anterior, caminando juntos sin tocarnos y sin embargo anhelando hacerlo al instante de llegar a nuestra habitación. El vestíbulo, eterno; el pasillo, inacabable; tu avidez, mi imán; mi respuesta, tu ternura. Todas las promesas confluyendo en instantes que se han quedado grabados en el rastro de nuestros besos y que saben a futuro…
[CónicasAmbarluna31] (7dic12)
viernes, 30 de noviembre de 2012
Recuerdo que no era viernes, sino un domingo irreverente y cálido que quería prolongarse en lunes resplandeciente y único, para devenir martes de descubrimientos… Me encontraba al pie del volcán y al borde del manantial sulfuroso, donde la presencia perenne de la primavera no es un truco publicitario sino un capricho natural de altitud, longitud y latitud. Me rodeaba el calor y el chirriar de las cigarras llamando a la lluvia. El dije de ambarluna lanzaba extraños reflejos tornasolados en juego de luces y aromas que se mezclaban con fragancias de magnolias y gardenias, el vaho de la extraña floración del sicomoro y el ligero picor en la nariz que produce el polen del roble.
Un lugar sagrado, dedicado desde la antigüedad al cultivo de las abejas, a la cosecha de la miel, a la fabricación de la cera y, sobre todo, a la decantación de una prístina y mágica jalea que nutre el exigente paladar de las futuras reinas de la colmena y antaño potenciaba las facultades intuitivas y adivinatorias de las sacerdotisas del culto ápico…
Te pedí que nos reuniéramos en un antiguo hostal perdido en las callecitas del centro. Tú estabas molesto, lo recuerdo, aunque luego supe que en realidad mi lejanía te había lastimado. Yo quería hacer las paces, restañar la herida del descuido, retribuir mi frialdad. Dejarme envolver por la fragancia ambarlunar y el sonido de tu voz. Rendirme a la atracción incandescente de tu piel, a la caricia de tu mirada. Regresar a ti y acercarte a mí.
Asomada al balcón, aspiré todas esas fragancias y te escuché decir mi nombre. No pude no sentirme una vez más cautivada por tu talla imponente, esa espalda que me invita a trepar por ella, tus brazos tan conocidos de mi talle, tan requeridos por mi cintura, círculo poderoso que me aísla del mundo mientras yo me fundo en tu pecho y respiro al unísono y escucho el retumbar de tu corazón. Una vez más entregué cada prenda sin recato, sin negarte ni una sola de tus peticiones, aceptando tu fuerte suavidad…
Escribo esto para que lo leas y no olvides, en tu ausencia temporal, quién estimula mis anhelos.
[CónicasAmbarluna30] (30nov12)
martes, 27 de noviembre de 2012
miércoles, 21 de noviembre de 2012
El teatro quedó a oscuras y una línea de luz se convirtió en alfombra de sangre. Mi última representación. Me sentí sola en medio de los demás bailarines, tan sola como debía sentirse la figura central. Presente pero olvidada, queriendo saber más de ella misma sin saber nada de mí. ¿Cómo podré interpretarla? - me pregunté. La diosa creadora, auspiciadora. El alivio cuando supe quién debía ser no duró mucho. Busqué en mí y salí al escenario.
Yo, la unión y el equilibrio entre los opuestos. Sí puedo hacerlo – me dije - y no tiene nada que ver con lo mucho que he ensayado, con las veces que he representado el mismo papel, sino con el eco en mí del bramido del mar y el resuello de la tierra. Luego dudé; quizá yo debería representar a Pandora, la de las mil cajas que traerán el diluvio. Pero la energía masculina me desbordó, los tambores batieron en mi estómago y las flautas silbaron en mi garganta. Una vez más consideré mi decisión de no bailar jamás, para olvidarla casi de inmediato y emprender los primeros pasos, el armonioso movimiento de mis brazos, la cadencia de mis muslos y sobre el suelo la caricia de mis pies. Yo, reflejada mil veces en el juego de los espejos. [Paréntesis] (21nov12)
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